Aquella mañana de verano parecía eterna, realmente extraña. Las hojas de los árboles se movían, tocando fuertemente la ventana de la habitación. Una mañana fría, calmada y misteriosa. Honestamente no parecía que fuera verano, pues cada quien estaba en su morada, las calles solas y uno que otro perro o ruido a lo lejos de algún auto , era lo único que parecía existir. - Es hora de ir a trabajar. - Se dijo para sí misma Melissa, tomando su mochila apresuradamente y con el ceño fruncido-. Tal parece que va a llover, ¡ vaya día de verano! Al parecer los días grises no van a desaparecer. Llegará de nuevo invierno, y jamás habré disfrutado si quiera de un lindo día. Y si hubiese un lindo día, de que serviría si de igual manera tengo que estar en mi trabajo todo el tiempo. - Se quejaba Melissa, mientras caminaba la cuadra para ir a la estación de autobuses que la llevaría a su trabajo. - ¡ Buen día, Melissa! - ¡Que tienen...